El cultivo del olivar siempre está acompañado por procesos de control fitosanitario, así como de tratamientos nutricionales complementarios que garantizan su óptimo crecimiento y desarrollo. En este sentido, independientemente de la estación del año en la que se encuentre el cultivo, las actividades de supervisión del olivo no deben detenerse.

Cuando llega el otoño, durante los meses de octubre a diciembre, debemos controlar las afectaciones fúngicas típicas del olivo, como lo son: el repilo, el repilo plomizo y la tizne o negrilla. Cada una de estas enfermedades es producida por determinados tipos de hongos, sin embargo la que más afecta al cultivo del olivar es el repilo.

Por otro lado, la campaña de aporte nutricional del olivo debe continuar en esta época del año, ya que durante estos meses se produce el desarrollo del fruto, el endurecimiento del hueso, el ‘engorde’ de la aceituna, y el aumento del rendimiento graso de la aceituna. De esta forma, los principales elementos que deben acompañar el proceso de fertilización son el potasio (en mayor medida), así como el fósforo, el boro y el magnesio.

El potasio es indispensable para el desarrollo vegetativo del olivo, tanto de sus raíces, tallos y hojas. Este nutriente produce el crecimiento óptimo de la planta y promueve la maduración de la aceituna, y al igual que el fósforo, promueve el cuajado.

Por otra parte, el boro y el magnesio juegan un rol fundamental en la maduración del fruto, en la optimización del sistema radicular y en la capacidad del árbol para resistir períodos de sequía.

El control del repilo del olivo en otoño

El repilo es una afección fúngica que se produce por el hongo Spilocaea oleagina y que afecta gravemente al olivar. Entre sus principales manifestaciones se encuentra la defoliación del árbol y su posterior debilitamiento, así como una intensa pigmentación circular en las hojas y en el fruto del olivo.

Si no se trata a tiempo, el repilo puede llegar a causar graves daños en el olivar, causando importantes pérdidas en su capacidad productiva, por esta razón, debemos aplicar productos fitosanitarios adecuados que nos permitan controlar esta enfermedad

Para controlar el repilo del olivo durante el otoño existen dos métodos principales, el cultural y el químico. Entre los métodos culturales más importante podemos mencionar los siguientes:

  • Realizar una poda adecuada de las hojas del olivo para que favorezcan la ventilación natural.
  • Deshacerse de las hojas caídas del árbol al inicio del otoño.
  • Evitar el exceso de fertilizantes altos en nitrógeno.

En cuanto al control químico del repilo, la principal estrategia se basa en la aplicación de productos fungicidas con alto contenido de cobre, ya sea en forma de óxido, hidróxido u oxicloruro.

Como norma general, el tratamiento fitosanitario del olivo debe realizarse cuando no exista estrés hídrico en la planta, esto quiere decir, que bajo ninguna circunstancia se deben aplicar estos productos cuando las hojas del árbol estén retorcidas, enrolladas o abarquilladas y cuando el fruto tenga un aspecto rugoso.

Así mismo, es recomendable no aplicar tratamientos con altas temperaturas e idealmente después de llover. En este punto es importante observar la apariencia de las hojas y del fruto antes de aplicar los productos fitosanitarios.