Muchos saben que durante la primavera el olivar florece, y al finalizar el otoño y comienzos del invierno se recoge la aceituna, sin embargo durante el verano ocurren una serie de eventos fisiológicos en el árbol que ocasionan el crecimiento y maduración del fruto del olivo.

Para comenzar, podemos afirmar que durante el verano ocurre el desarrollo de la aceituna, cuya floración se da en los meses de primavera. Gracias al calor, el fruto del olivo empieza a crecer, y es precisamente en este momento en el que podemos tener una idea del comportamiento productivo del árbol.

En el verano también ocurre el denominado “estrés hídrico”, con un clima típico del mediterráneo, que se caracteriza por bajas precipitaciones y elevadas temperaturas. Esto trae como consecuencia una paralización de la actividad de la savia en el árbol, pero acelera el endurecimiento del hueso del fruto.

¿Qué actividades debemos hacer en el olivar durante el verano?

Durante los meses de verano, en el olivo crecen unas pequeñas ramas en la base de su tronco llamadas chupones de pie o “varetas”. Estas ramas tienen como finalidad proteger al tronco del sol, sin embargo, ellas ocasionan una disminución sustancial del agua, de la sabia y de los nutrientes al resto del árbol, produciendo una merma en la cantidad y calidad de la aceituna.

Por esta razón, es importante realizar una poda que nos permita eliminar la mayor cantidad de varetas posibles, y de esta forma potenciar la actividad productiva del olivo, a esta tarea se le denomina “desvaretar”.

Para desvaretar el olivo podemos utilizar una piqueta o una pequeña hacha y cortar las ramas lo más bajo posible, sin embargo, en la actualidad también se pueden eliminar las varetas utilizando compuestos químicos, que al ser aplicados directamente sobre las ramas, ocasiona su caída.

Por otro lado, durante el verano se recomienda continuar con la campaña de abonado en el olivar con productos ricos en potasio, ya que este ayuda al endurecimiento del hueso de la aceituna. Además, el potasio contribuye a la regularización de la apertura y cierre de las estomas de la planta, y con ello se optimiza la absorción del agua.

Un aspecto importante a considerar, es que en los meses de verano, la planta se encuentra bajo estrés hídrico, por lo tanto el abono debe realizarse con cautela y moderación, ya que podemos generar un efecto contrario al buscado. Además, es fundamental eliminar las hierbas secas para evitar el riesgo de posibles incendios.

Otra de las tareas a realizar durante el verano es el riego, si bien es cierto que el olivo puede soportar meses de sequía, en plantaciones donde existe regadío es importante aprovechar al máximo el aporte de agua a la plantación para aumentar sus niveles de producción.

Finalmente, no debemos olvidarnos del control de plagas, en particular de la polilla del olivo o Prays oleae y de la mosca del olivo o Bactrocera oleae. Ambos insectos abundan en los meses de verano y pueden ocasionar severos daños a las plantaciones.